BANDA REAL #MUJERPERFECTA

¿Qué es exactamente la felicidad?


Todos la queremos. Todos la buscamos. Incluso el Dalai Lama ha dicho “el verdadero propósito de la vida es la búsqueda de la felicidad”. Pero que es exactamente eso tan esquivo que buscamos?
    
La palabra felicidad tiene dos significados muy distintos. Generalmente alude a un sentimiento: una sensación de placer, contento o gratificación. A todos nos gusta tener sentimientos felices, de ahí que los busquemos. Sin embargo, como todos los demás sentimientos, los sentimientos de felicidad no duran. Sin importar cuan fuerte intentemos aferrarnos a ellos, se escapan siempre. 

Y, como veremos, una vida dedicada a perseguir esos sentimientos, es, cuanto menos, insatisfactoria. De hecho cuanto más perseguimos sentimientos placenteros, más propensos somos a sufrir ansiedad y depresión.
    
El otro significado de felicidad es una “vida rica, plena y significativa”. Cuando actuamos en áreas que realmente nos importan en el fondo de nuestros corazones, cuando nos movemos en direcciones que consideramos valiosas, cuando clarificamos lo que queremos en la vida y actuamos en consecuencia, la vida se hace rica, plena, significativa y experimentamos un poderoso sentido de vitalidad. 

Este no es un sentimiento pasajero – es un profundo sentido de una vida bien vivida. Y aunque esa vida nos proporcionará sin duda muchos sentimientos placenteros también nos dará otros más incómodos como tristeza, miedo e ira. Al vivir una vida plena, se experimenta toda la gama de las emociones humanas.
    
Lo cierto es que la vida implica dolor. No hay forma de librarse. Como seres humanos todos nos enfrentamos al hecho de que tarde o temprano envejeceremos, enfermaremos y moriremos. Tarde o temprano perderemos relaciones valiosas por rechazo, separación o muerte. Tarde o temprano pasaremos una crisis, experimentaremos una decepción o un fracaso. De una manera u otra todos experimentaremos pensamientos y sentimientos dolorosos.
   
La buena noticia es que, aunque no podamos evitar ese dolor, podemos aprender a llevarlo mejor – a hacerle sitio, superarlo y construir una vida que valga la pena ser vivida.

Por :Alonso Cabrero