BANDA REAL #MUJERPERFECTA

SONAJERO: Hambruna

Por: Grisbel Medina R.
Periodista
La ONU, la misma que no ha podido disimular el refajo hediondo por el tráfico de influencias y millones de dólares, anunció ayer que treinta mil personas podrían morir de inanición por la hambruna extendida en Sudán del Sur.
Ese país de África Oriental está muy distante de esta patria bañada de mar Caribe y olas atlánticas. Pero la tecnología ha quebrado el aislamiento y tanto el dolor como la alegría apartada se sienten a menos de un metro de nosotros.
Tomarse un café o una botella de agua sabiendo que tanta gente sufre por falta de una gota, debe ser motivo de luto colectivo. El mundo marcha, la tierra se mueve y la rutina se traga muchas veces hasta los sentimientos. Ya mando más besos por wasatp que los mimos que debería darle a mami y papi.
“El hambre extrema está empujando al pueblo al borde de una catástrofe en partes de Sudán del Sur” expone un despacho de la ONU, el cual revela que 3,900,000 sursudaneses  se enfrentan a una “inseguridad alimentaria severa”. Palabras de la diplomacia que en buen castellano significan que toda esa gente está condenada a morir por falta de una ración de comida.
Sí. De acuerdo. No hay que ir a África para conocer los embates del hambre. Juan Santiago, un pueblecito de la provincia Elías Piña, al sur de República Dominicana, es el municipio más pobre del país, según el Atlas de la Pobreza 2010. Allí, una abuela -Elupina Soler- dispone de 40 pesos diarios para comer junto a sus dos nietos, testimonio de un reportaje publicado en Diario Libre.
En piso de tierra, la abuela prepara guineos hervidos al mediodía para no dejarse morir de hambre, escribió la periodista Yinett Santelises. 
En Juan Santiago el 92.5% de los hogares son pobres y el 61% vive en la pobreza extrema. Su hospital sin terminar es usado como pocilga y su población es huérfana de acueducto. 
Ese es uno de los panoramas en un país pobre que derrocha en caravaneo, bocinazos a todas horas promoviendo un nuevo aspirante a la alcaldía de Santiago, sin contar el dinero en basura (vallas con Photoshop) que marchita la ciudad.
El hambre ataca en África, golpea en República Dominicana y la ambición política no se entera. Y peor, el consumismo continúa acumulando desperdicio en suelas de zapato, lujo sin alma, comida chatarra y carrocería.