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Casa de Arte, 32 años promoviendo la cultura

Por:Luisa Rebecca Valentín

SANTIAGO..-A Casa de Arte comencé a ir desde aquellos años de su fundación en los años ochenta. Fue en noviembre de 1983 cuando abrió sus puertas por iniciativa de un grupo de munícipes que entendieron necesario una nueva casa para la expresión cultural y artística en la ciudad de Santiago.  

Más abierta, menos rígida, más tolerante a expresiones nuevas, sin consagraciones, sin ataduras, sin los no, sin represión, sin formalismos, sin ataduras sociales.  A ello, se mantiene apegada hasta hoy.

   
Por aquella casona comenzaron a desfilar cientos de jóvenes que cuando no practicaban alguna disciplina artística, en base a talento o a tesón, se asomaban a observar a los que se atrevían y confiaban en su talento para las artes.
    
Fueron años intensos de descubrir a nuevas gentes,  vinieron los conciertos musicales, las descargas, las exposiciones fotográficas, los cursos, los encuentros literarios, la poesía, los cantautores, los primeros solos aún temblorosos e inseguros de muchos músicos, los cursos de danza y el teatro.

Estuvieron las cucharas, aquellas memorables noches gastronómicas, los encuentros de amigos y las interminables conversaciones que luego se extendieron a Talanca.  Había que subir la Restauración para seguir la reflexión y el intercambio.
   
Noches de jazz, de trova, de teatro, de poesía, de pintura y de conversación.  De profusa creatividad y de espontánea manifestación artística. La mayoría de artistas que gozan hoy de fama nacional e internacional en la República Dominicana, sobre todo exponentes del jazz, de la trova o de la música de contenido social, ganaron confianza y recibieron sus primeros aplausos en el escenario engravillado de Casa de Arte.
    
Después, las puertas se abrieron  a la desbordante y desbocada avalancha creativa del Grupo Ideas y su Artevivo.  La insólita y asombrosa manifestación artística que no se conformó con tomar las paredes y espacios de Casa de Arte, sino que salió a la calle para, ante el asombro de transeúntes, asaltar la cotidianidad de la gente que vio la explosiva y profusa cantera de artistas que se expresaron durante años y que aún, cuando se celebra el Festival Artevivo, acuden religiosamente a la casa.
    
No quedaron fuera los sábados completos en la Casa y los domingos también.  Creando, pintando, atreviéndonos y luego, en mediodía, salir a descubrir cornisas dejándolas retratadas en la memoria eternamente.  Las noches fueron propicias para hacer poesía, para que las estrellas permearan o para que las historias se cumplieran.  Fueron los años de los afectos fraternos y duraderos, de las escenas y hazañas memorables.
    
Hoy, sigue siendo el espacio donde la gente se siente a gusto, sin ser vigilada, sin ser acosada, sin ser presionada, ni mirada con recelo o desconfianza.  Entre sus espacios de madera, converge el de arriba, el de abajo y el del medio, sin mayores consecuencias.  



Sin roces, sin atropellos o escozores.  Hoy, como en aquel entonces, a 32 años de mantener las puertas de la casona abiertas, cientos de jóvenes siguen visitando la casa.  siguen encontrando en sus espacios una ventana para la canalización de su creatividad.  

Los de antes, los de los ochenta, encuentran la casa de siempre, el espacio que les permite sentirse a salvo y en pleno espacio confiable para el intercambio, la lectura de un periódico o de un libro o, simplemente, desarrollar una conversación sobre los más variados temas, alejados del bullicio y de la cháchara agotadora y cotidiana de lo que la sociedad da repetida y monótona.
    
Hoy como ayer,  como en aquellas tardes de ensayos musicales, de creación literaria y danzas improvisadas al aire, en que todos los espacios de la casona eran habitados por poetas, pintores y artistas en plena efervescencia,  Casa de Arte sigue siendo mi casa y cada visita es una reafirmación de confianza en acogedora atmósfera, en cálida espesura de sentires sinceros y sonrisas amplias que iluminan las noches y las tardes repletas de trozos de alas y poesías, entre duendes de coloridos ropajes agitados por la brisa placentera sin olvido.